Sunday, August 10, 2008

Hasta después de la muerte.

Hay amores que cuando nacen se sabe que nunca irán para eternos, por mucho que se empeñen esos avatares que en todas las historias de amor reparten los mismo mieles que amarguras.
Cuando Elisa y Juan, que así se llamn los personajes de hoy, vinieron a enamorarse, todo el mundo dijo que allí sólo había llovido sobre mojado.
Acostumbrados a verlos desde pequeños ir cogidos de la mano a todas partes y notar que en sus miradas no se caía ni un instante la admiración del uno por la otra, vieron natural el hecho de aquella relación.
Tanto Elisa como Juan hicieron de su amor un lugar para poner de continuo en juego la fantasía. Reinventar lo ya inventado era su particular intento de espantar el tedio que, bien sabían, era el asesino de todas las promesas y posibilidades por las que nada el amor.
Sin hablar de ello habían puesto en práctica no caer en los errores que veían a su alrededor y así, en un culto primario al delirio al cuerpo y la palabra, gozaron como pocos de aquel casi a diario ritual del sexo y cuantos abecedarios inventaron para definir lo que vivian.
Sus noches de amor calmaban el miedo de los aires huérfanos y las farolas. Sus palabras fluían a la tarde con el mismo discurso herido de los magnolios y el jazmín... Y entre ese decirse amores, siempre quedaba la voz de Juan repitiendo: Te voy a querer hasta después de la muerte...., que era su manera de espantar la incógnita de la razón.
Un día en el que Elisa y Juan se dirigían a casa de unos amigos para asistir a una fiesta, la muerte vino a encontrarlos en forma de estúpido accidente. Merodeó por encima del coche en el que los dos habían quedado atrapados y con su absurdo sentido de la opción se llevó sólo a Juan, dejando en suspenso la hora de Elisa.
Y Elisa, que vivió a raíz de aquello treinta años más, anduvo todos los días de su vida con la sensación de haber perdido la sombra y queriendo evocar la voz de Juan para oírle decir: Te voy a querer hasta después de la muerte.....
Pero en qué error caemos creyendo que hasta en la muerte seguiremos siendo los promotores de nuestros propios delirios.
Juan pasó a ser desde el día del accidente el muerto más triste de todos los muertos. De sus huesos manaba un fósforo que se diluía en el aire en unos Te quiero de compromiso. Visitaba a Elisa cada tarde y en sus miradas que sabía sin respuesta, el lejano rescoldo de admiración se había trocado en indiferencia.
Así persiguió a Elisa mientras pudo desde su mundo de muertos y cuando tuvo la certeza que ya nada sería igual se abandonó al olvido, que es la muerte que se tiene cuando uno ha muerto.
Ni Juan ni Elisa comprendieron nunca que tenerse, y tocarse, y hablarse como ellos lo hacían hasta poner la risa en la madrugada, tenía la misma fecha de caducidad de todas las emociones que nacen con vocación de eternas. No supieron, porque nunca nos lo han dicho, que la muerte es el mal gesto del tedio y la desidia.
Cuentos de amor y radio.
José Antonio Sánchez-Gómez.

Víveme - Laura Pausini.

Víveme sin miedo ahora

que sea una vida o sea una hora

no me dejes libre aquí desnudo

mi nuevo espacio que ahora es tuyo, te ruego.

Víveme sin más vergüenza

aunque esté todo el mundo en contra

deja la apariencia y toma el sentido

y siente lo que llevo dentro.

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